Ready Player One

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Fecha de salida

Agosto 16, 2011

Es el año 2044 y el mundo es un desastre. Las fuentes de energía fósiles están prácticamente agotadas y el precio del combustible está por las nubes. En medio de una enorme depresión a nivel mundial la mayoría de la gente subsiste como puede. Sin embargo un videojuego de realidad virtual llamado OASIS proporciona la vía de escape que las personas necesitan. La gente dedica más tiempo al juego que a la vida real misma. El juego ofrece todas las posibilidades imaginables y cualquier cosa es posible.

El creador de OASIS es un enorme fan de los años 80, así como un fantástico programador de videojuegos que amasa una inmensa fortuna con su compañía GSS, que tiene como obra maestra OASIS. Tras su muerte se anuncia en un vídeo que el juego contiene un Huevo de pascua. Quien lo encuentre heredará toda su fortuna.

El tiempo pasa hasta que tras cinco largos años Wade Watts, quien decide como tantos otros lanzarse a la carrera para encontrar el Huevo de Pascua, de pronto logra resolver uno de los rompecabezas que le acerca más a su meta.

La competición es encarnizada entre los sixers, los empleados de una empresa llamada IOI que pretende hacerse con el control de OASIS, y los gunters, todas las demás personas, sea individualmente o en clanes.

Así comienza una carrera frenética en la que la única solución para sobrevivir es ganar.

Comentarios (5)

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  • El capítulo 19 es básicamente una descripción de lo que el autor piensa que podría ser un sistema de realidad virtual dentro de 30 años con la gama tope de todos los accesorios disponibles.

    -Sillas hapticas suspendidas de dos brazos robóticos articulados.
    -Trajes integrales hápticos con un exoesqueleto y activadores cada pocos centímetros
    -Guantes hápticos retroalimentados
    -Visor proyector retinal
    -Sistema de audio 360 grados a base de altavoces en la 4 paredes, suelo y techo.
    -Torre olfativa para proyectar olores
    -Cinta estática omnidireccional con elevadores y superficie amorfa para simular pendientes y escaleras.
    - Y más cosas...

    pego un fragmento del capítulo:
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    El resto del estudio estaba presidido por mi equipo de inmersión en Oasis. Había invertido mucho dinero en adquirirlo. Siempre salían al mercado componentes nuevos, más rápidos o versátiles, y yo me gastaba gran parte de mis escasos ingresos en actualizarlo.

    La joya de la corona de mi equipo era, claro está, mi consola Oasis personalizada. El ordenador que alimentaba mi mundo. Yo mismo lo había construido, pieza por pieza, en el interior de un chasis esférico Odinware de espejo. Contaba con un procesador acelerado tan rápido que su ciclo temporal rayaba en la precognición. El disco duro interno tenía tal capacidad de almacenamiento que permitía archivar tres veces Todo lo Existente.

    Me pasaba la mayor parte del tiempo en mi silla háptica adaptable HC5000 de Shaptic Technologies. Estaba suspendida de dos brazos robóticos articulados fijados a las paredes y al techo de mi apartamento, diseñados para permitir que la silla girara sobre sus cuatro ejes. Es decir que, cuando estaba atado a ella, la unidad podía saltar, girar sobre sí misma o sacudir mi cuerpo para crear la sensación de que me caía, volaba o me hallaba sentado al volante de una lanzadera atómica que viajaba al doble de la velocidad del sonido a través de un desfiladero en la cuarta luna de Altair VI.

    La silla funcionaba combinada con mi Traje Integral Háptico, un atuendo sensorial completo dotado de feedback. Cubría todo mi cuerpo, de la nuca para abajo, y disponía de unas discretas aberturas que me permitían hacer mis necesidades sin tener que quitármelo. El exterior del traje estaba cubierto por un complejo exoesqueleto, una red de tendones y articulaciones artificiales que podían tanto captar como inhibir mis movimientos. Fijada al interior del traje había una especie de telaraña de activadores diminutos que entraban en contacto con mi piel cada pocos centímetros. Podían activarse en grupos pequeños o grandes a fin de generar una simulación táctil y hacer sentir a mi piel cosas que no estaban ahí. Así, generaban de forma convincente sensaciones como la de que alguien te diera una palmadita en el hombro, o una patada en la espinilla, o la de recibir un tiro en el pecho. (El software de seguridad que llevaba incorporado impedía que mi equipo me causara un daño físico real, por lo que la sensación que transmitía un disparo simulado se parecía más a un puñetazo débil.) Tenía otro traje idéntico que en ese momento colgaba de la unidad de limpieza MoshWash, que ocupaba una esquina del apartamento. Esos dos trajes hápticos constituían todo mi vestuario. Mi vieja ropa de calle estaba arrinconada en el armario, acumulando polvo.

    En las manos llevaba unos guantes hápticos de última generación con transmisión de datos incorporada, modelo Okagami IdleHands. Las palmas estaban cubiertas por unas almohadillas especiales de retroalimentación que creaban la ilusión de que yo tocaba objetos y superficies que en realidad no existían.

    Mi visor era un Dinatro RLR-7800 WreckSpex recién estrenado, dotado de un visualizador virtual de última generación. El visor introducía, velozmente y con la mejor resolución perceptible para el ojo humano, Oasis directamente en mis retinas. En comparación, el mundo real parecía desvaído y borroso. El RLR-7800 era un prototipo que todavía no estaba disponible para los plebeyos, pero yo había llegado a un acuerdo de promoción con Dinatro, que me enviaba el equipo gratuitamente (a través de una serie de envíos indirectos que me permitían mantener el anonimato).
    Mi sistema de audio AboundSound estaba formado por una serie de altavoces ultrafinos instalados en las paredes, el suelo y el techo de mi apartamento y creaban una reproducción sonora perfecta, de una precisión absoluta, en un radio de trescientos sesenta grados. El bafle de bajos Mjolnur era tan potente que incluso las muelas me vibraban.

    La torre olfativa Olfatrix, instalada en un rincón, era capaz de generar más de dos mil olores discernibles. Un jardín de rosas, un viento marítimo, salado, pólvora encendida... La torre recreaba todo ello de manera convincente. También hacía las veces de aire acondicionado/purificador de potencia industrial, que era para lo que lo usaba yo, fundamentalmente. A muchos bromistas les encantaba introducir olores fétidos en sus simulaciones para joder a la gente que tenía torres olfativas, por eso yo lo tenía casi siempre desactivado, a menos que me encontrara en algún área de Oasis donde creyera que podía resultarme útil oler el entorno.

    En el suelo, justo debajo de mi silla háptica suspendida, tenía instalada mi cinta estática Okagami Runaround omnidireccional. («Estés donde estés, ahí la tienes», era el eslogan del fabricante). La cinta tenía dos metros cuadrados y seis centímetros de grosor.
    Cuando estaba activada, podía correr a toda velocidad en cualquier dirección y jamás alcanzaba el límite de la plataforma. Si cambiaba de dirección, la cinta lo captaba y su superficie rodante se adaptaba para seguirme, manteniéndome en todo momento en el centro. Ese modelo también estaba equipado con elevadores incorporados, así como con una superficie amorfa, lo que me permitía simular que caminaba por pendientes y escaleras.

    Quienes deseaban encuentros más «íntimos» en Oasis, también podían comprar MTAC (Muñecas Táctiles Anatómicamente Correctas). Existían modelos masculinos, femeninos o duales y estaban disponibles en gran cantidad de opciones. De piel de látex realista. Con endoesqueletos accionados con servomotor. Con musculatura simulada. Y con todos los apéndices y orificios imaginables.

    Yo, movido por la soledad, la curiosidad y la ebullición de mis hormonas adolescentes, había adquirido una MTAC de gama media, la UberBetty háptica, pocas semanas después de que Art3mis hubiera dejado de hablarme. Tras pasar varios días muy improductivos en el interior de un burdel autónomo simulado llamado el Pleasuredome, me había desprendido de ella, por una combinación de vergüenza y de instinto de conservación. Había malgastado miles de créditos, había perdido una semana entera de trabajo y estaba a punto de abandonar la búsqueda del Huevo, cuando me enfrenté a la dura constatación de que el sexo virtual, por más realista que fuera, no era más que una forma de masturbación glorificada y asistida por ordenador. Yo, en el fondo, seguía siendo virgen, seguía viviendo solo en una habitación oscura, y lo que hacía era tirarme a un robot lubricado. De modo que me deshice de la MTAC y volví a cascármela como se había hecho siempre.


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    Curioso que no mencione dispositivos de captura de movimiento tipo Leap Motion.

    Al ritmo que vamos, creo que tendremos algunas de estas intefaces mucho antes del 2044. Y que algunas no las tendremos nunca.
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  • Vaticino que la UberBetty háptica será de las primeras cosas que lleguen :D
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  • Describe perfectamente mis expectativas con respecto a la RV. No digo cv1 porque es evidente que queda mucho rodaje. Sinceramente, si tenéis el hype por las nubes leedlo, merece muchísimo la pena (hace continuas referencias al mundo audiovisual de los 80-90). Y si no, leedlo también, y ya veréis lo reveladores que son ciertos pasajes. Para muestra un botón (El protagonista esta conectado a un MORPG, en el libro se llama Oasis):

    Una vez que estuve convenientemente pertrechado, volví a montarme en el ascensor y pocos segundos después alcancé la entrada de mi hangar, en el nivel inferior de mi fortaleza. Unas luces azules parpadeaban a lo largo de la pista, que recorría el centro del hangar hasta alcanzar dos impresionantes puertas blindadas, que se alzaban en el extremo más alejado. Esas puertas daban al túnel de lanzamiento, que conducía a un par de puertas idénticas encajadas en la superficie del asteroide.
    Allí, a la izquierda de la pista, aguardaba mi caza Ala-X, gastado de tanto combatir. Aparcado a la derecha, mi DeLorean. Y en el centro de la pista, se recortaba la nave espacial que usaba con más frecuencia: la Vonnegut. Max ya había encendido los motores, que emitían un zumbido sordo y continuo que inundaba el hangar. La Vonnegut era una nave de transporte tremendamente modificada, a imagen y semejanza de la Serenity, el vehículo espacial de la serie televisiva Firefly. Al principio, cuando la adquirí, la llamaba Kaylee, pero al poco la rebauticé en honor a uno de mis novelistas favoritos del siglo XX. Su nuevo nombre figuraba en un lateral del casco gris abollado.


    eek  XD
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  • omg

    omg

    Al que le haya gustado le recomiendo Armada, del mismo autor. Mas epico aun si cabe.

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  • omg:Al que le haya gustado le recomiendo Armada, del mismo autor. Mas epico aun si cabe.



    Pues habrá que leerlo, ready player one me encantó.
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