Phantom: Covert Ops - Primeras impresiones y Gameplay

14 MAY 2020  20:36

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Phantom: Covert Ops - Primeras impresiones y Gameplay

Un vistazo al nuevo juego de nDreams en compañía de Oculus.

Me dirigía al peor lugar del mundo y todavía no lo sabía

"Me dirigía al peor lugar del mundo y todavía no lo sabía. A semanas de distancia y a cientos de millas por un río que serpenteaba a través de la guerra como el cable principal de un circuito conectado directamente a Kurtz." Capitan Benjamin L. Willard

 

Una canoa junto a dos remos y una pistola con silenciador sobre los pliegues de un chubasquero oscuro. Cada juego, bueno, malo o simplemente del montón, ha flotado siempre alrededor de uno o más objetos icónicos. Alyx y sus guantes cableados. Beat Saber y el láser rojo y azul. El mechero incandescente en las manos de una niña de Lies Beneath. Las tuberías verduzcas -y mágicas- de Mario Bros. Objetos mundanos, tan ordinarios como aburridos, que poco a poco van mutando y al cabo de unos minutos le han arrebatado por completo el protagonismo al personaje principal para quedar ahí, navegando por nuestra memoria sobre el resto que ya es superfluo. 

 

Una canoa junto a dos remos y una pistola con silenciador sobre los pliegues de un chubasquero oscuro es casi todo lo que puedo recordar de mis dos horas de juego en esta primera impresión de Phantom: Covert Ops que nDreams nos ha permitido probar. Hay también un fusil con mirilla telescópica, y una metralleta, y una bomba lapa, y una bolsa con cargadores. Y, sí, una ría, o un río, o un buen puñado de agua corriendo en la misma dirección mientras atraviesas juncos y maleza. Y malos con linternas. Muchos malos juntos y muchas linternas encendidas como si fueran luciérnagas en una noche de verano. Todos asomados al río y todos, según te das cuenta muy pronto, demasiado pendientes de su propio reflejo y poco o nada de cuanto ocurra a su alrededor.

 

 

Sentarse algo más de dos horas en un kayak virtual en medio de una fortaleza enemiga podría parecer una buena idea a priori. Es algo -y aquí pongo la mano en el fuego- que ninguno de nosotros habrá hecho antes en su vida real, así que por muy rocambolesco que os pueda sonar como base para toda una narrativa completa, estaréis conmigo en que el concepto nos producía cierta intriga virtual. ¿Habrían conseguido el reto de mantener la tensión y un gameplay fluido? Porque tanto tiempo sobre una canoa, sosteniendo la respiración por temor a ser descubierto, atravesando juncos y matojos y luchando contra un palo, rocas y demás obstáculos, hay que reconocer que pertenece a otro mundo del habitual. Bueno. Malo. O regular, eso aún lo estoy discutiendo. Lo que nunca se le podrá objetar a nDreams es la osadía de calzarse una propuesta dentro de un vehículo anfibio donde tus piernas suelen ir por delante obligando a tus brazos a bregar con unas palas unidas por un palo, todo ello sin dejarte salir de allí ni para ir al baño y en medio de la noche más negra que haya visto antes la VR. 

 

 

El primer momento es bastante humillante. Moverse por el agua es contraintuitivo para los que vivimos a cientos de kilómetros de la orilla más cercana, entre otras razones, porque en el líquido, la izquierda no es tu izquierda. La deriva amplifica cualquier error que cometas y sabes que algo no va bien cuando aquellas rocas que quieres evitar a toda costa, están cada vez más cerca, hagas lo que hagas con los remos. Así que terminas braceando como si eso fuera a rebajar lo embarazoso de verte como el tipo al que mandan a una misión crucial para la humanidad, cuando en realidad nunca tuviste el coraje para decir que no porque el único kayak que habías visto en tu vida era a cabeza-canoa. Extraño que te traten como a un profesional cuando en realidad estas más cerca de ahogarte en tu propia inutilidad. Quizás un buen tutorial en otra localización menos peligrosa y con algo más de solera hubiera sido de agradecer. Si no por el contexto e historia, sí para ir calentando motores -y brazos- lejos de una misión real. 

 

 

Dando por hecho la curva de aprendizaje que tiene moverse por un río amazónico, emerge enseguida un sentimiento al que me está costando mucho acostumbrarme: como dijo Jesse Schell en su lente #79, la sensación de libertad es una de las cosas que diferencia a los juegos de otras formas de entretenimiento. Y aquí viene el matiz en Phantom Covert Ops que tanto andaba temiendo: ¿libertad? ¿qué libertad propone este juego? DCS, Elite Dangerous o iRacing tienen en común ir clavado a una silla. Pero en ellos eres un vehículo que maniobra en un espacio abierto a cierta velocidad y con mucho, muchísimo que descubrir (en iRacing anda con cuidado, por favor, hay más gente a tu alrededor).

 

Esta reflexión sobre encerrarte en una burbuja a cal y canto pero a su vez darte el mundo por montera, equilibra cualquier agobio que la falta de movimiento corporal te pueda suministrar. Nunca, en ninguno de estos tres títulos, he sentido la necesidad febril de pararme en la cuneta y estirar las extremidades o pegarme una carrera porque me interesa más el arbolito del fondo que la historia en sí. En Covert Ops he descubierto que es la suma de todo lo que me ahoga el ánimo según ascendemos por sus aguas en calma. Igual que una muñeca matrioska invertida a quien se le añaden jaulas en vez de librarle de ellas, la limitada y torpe movilidad natural de una canoa que atraviesa un río bastante estrecho, sinuoso y sofocante, se ve rodeada -además- de malhechores que al contrario que tú, sí que pueden correr y pasear (aunque no lo ejerzan con demasiada inteligencia), tiznado todo de un negro que mata la profundidad visual durante la noche virtual más opresiva. Límites por cada recodo del río, límites propios y ajenos.

 

 

Si fuiste un marine, espía o buceador del Commandos de Pyro Studios, sabrás que lo que ven los malos suele ir en relación directa con el triángulo de color pintado en el suelo que anuncia su movimiento. Eso responde a la primera pregunta que te harás dentro de la canoa: ¿por qué demonios tiene que ser siempre tan de noche?: Porque si no lo fuera, te descubrirían instantáneamente. Obvio. Como obvio nos resulta que lanzar un juego para RIFT S donde muchos píxeles pasarán apagados durante bastante tiempo no parece que sea la mejor de las ideas para un panel que sufre históricamente de inconsistencia en sus niveles más oscuros. Pero dejemos que la noche te envuelva y que las luces de las linternas vayan creando un camino a evitar desde el punto A al punto B. Que las aguas siempre en calma te dejen escuchar los murmullos de los soldados que dejas a un lado y se abran las compuertas de unos pasillos a todas luces diseñados (incomprensiblemente) para permitirte burlar la seguridad.

 

Desde mi infancia con River Raid, pasando por aquel nivel de Combat School, o los típicos FarCry, no me había vuelto a ver en la tesitura de transitar por un río. Aquellos recuerdos en monitor invitaban a la imaginación mucho más que este Covert Ops a día de hoy. El problema, convertido ahora en una gran piedra sumergida que puede partirte el casco -y la experiencia-, llega ante la frustración inmediata de querer saltar de la canoa, poner un pie en el suelo y agazaparte bajo un arbusto para continuar a pie. Volvemos, de nuevo, a la libertad. Cuando no hay una justificación perentoria que te obligue a seguir sentado, comienzan las preguntas incómodas. La orilla está justo ahí. Pidiendo a gritos que abandones el vehículo. Tienes armas (demasiadas para un juego de sigilo, diría yo). Estás entrenado para matar. Quedarse en la barca parece en muchas ocasiones como el peor de los planes y a veces te sientes tan metido a calzador en la historia como también te sientes en ese kayak medio tienda de los bazares-medio máquina de guerra.

 

 

Covert Ops sugiere un capítulo cerrado de una historia mucho mayor convirtiéndose al rato en un contexto limitado para una experiencia global que va mucho más lejos que lo que esa barca te podría llevar nunca. Por citaros un ejemplo: hubo momentos en los que me dejé navegar por esos ríos del Vietcong a lo Coppola, pensando que tras dos o tres misiones por la jungla, había regresado al río entre el humo, la niebla y tus propios demonios. El contexto ayuda a que los juegos pequeños como este refloten con mucha más fuerza. Está por ver qué nos tienen reservados en las otras zonas fluviales que no hemos podido jugar.

 

Aunque lo visto hasta ahora sugiera que el guión no sea fundamental, nos prometen desde nDreams que los subtítulos en Español llegarán cuando tengáis los remos entre las manos. Los blinders -esas orejeras negras que aparecen en situaciones de movimiento- podrán ayudarte con el mareo dentro de una mecánica de locomoción tan arriesgada como tan poco -o muy poco- extendida en la VR; es sabido y muy comentado eso de que las inercias, por muy tranquilas que sean, producen un sinfín de cortocircuitos propioceptivos. En el gameplay embebido de más arriba tenéis los dos ejemplos: el que nunca, y el que siempre. En medio os encontraréis todos vosotros con vuestros mareos particulares. 

 

 

Armas, sigilo, algún que otro tiro a los focos y muchos juncos mediante, Covert Ops va dejando el poso que seguramente nDreams se propuso: darte un gameplay tranquilo, sobre unos raíles de agua, inmersivo y nocturno, para un juego casual de ida y vuelta que puede llevarte unas seis u ocho horas dependiendo de lo diestro que seas con los remos.

 

Estoy convencido de que Phantom Convert Ops va a traer reflexiones y preguntas interesantes cuando sea de dominio público porque así deben de hacerlo los juegos que no siguen el camino habitual. La factura técnica de nDreams, supervisado por la mismísima Oculus, da cohesión virtual al juego aunque entre algunos bugs y otros detalles en la falta de colisiones, siguen desprendiendo un olor a generación anterior. Es el daño de Alyx. De momento, se me antoja que nDreams va a tener que remar contracorriente con este Phantom: Covert Ops igual que la VR lleva haciendo desde sus inicios. El problema es que aquí lo estás haciendo en una canoa junto a dos remos y una pistola con silenciador sobre los pliegues de un chubasquero oscuro. Que eso sea bueno, malo o regular, todavía lo estoy pensando. Ya me diréis vosotros cuando os llegue el momento.

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