Riven: ANÁLISIS

19 MAY 2026  17:00

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Riven: ANÁLISIS

Cyan Worlds recupera también su secuela más ambiciosa. Riven llega en forma de remake completo y vuelve a demostrar que pareció haber nacido para la realidad virtual... aunque arrastrando los mismos problemas vistos en Myst. Disponible en PSVR2, PC VR y Quest 2/3/Pro.

Exploración imposible

Cuando Riven apareció originalmente en 1997, Cyan no buscó repetir simplemente la fórmula de Myst. La secuela apostó por algo más ambicioso: un mundo mucho más coherente, detallado y narrativo, donde la exploración tenía tanto peso como los propios puzles. Frente a la sensación más abstracta y mecánica del primero, esta secuela intentaba construir un lugar creíble, casi habitable, donde cada estructura, sonido o mecanismo tuviese sentido dentro de su universo.

 

Ese enfoque sigue funcionando especialmente bien en VR. Recorrer sus islas, observar la arquitectura rodeada de naturaleza o manipular sus máquinas transmite una presencia enorme dentro del visor. El remake reconstruye tridimensionalmente los escenarios originales con movimiento libre y exploración, alejándose todavía más de aquella estructura estática basada en pantallas prerenderizadas. Riven se siente menos como un gran puzle y más como un lugar real que debemos comprender... tras perdernos y rebanarnos los sesos, claro.

 

 

Además, resulta bastante más accesible para nuevos jugadores de lo que podría parecer. Aunque sigue siendo una aventura exigente, su ritmo inicial invita más a la exploración y a la curiosidad que a resolver acertijos desde el primer minuto. Durante los primeros momentos con él recorremos escenarios, descubrimos conexiones entre islas y entendemos cómo funciona este extraño mundo. Obviamente no se olvida de los puzles pero Riven quiere que vivamos su mundo.

 

La historia también ayuda mucho más a sostener la aventura. Retomando los acontecimientos de Myst, volvemos a acompañar a Atrus mientras intentamos localizar y detener a Gehn, uno de los personajes centrales de la saga y responsable del decadente estado de Riven. Toda la narrativa se construye de forma ambiental, mediante observación, diarios, arquitectura y pequeños detalles repartidos por el escenario ya que su misticismo prefiere hacernos descubrirla poco a poco mientras exploramos.

 

Riven PSVR2

Ahora también hay espacio para lo contemplativo.

Menos hostil, pero igual de exigente

Esa estructura más abierta y orgánica hace que Riven resulte inicialmente menos agresivo que su primera entrega para jugadores noveles. Los puzles siguen existiendo y siguen siendo complejos, mucho,  pero el juego tarda más en empujarnos directamente hacia esa barrera de la que cuesta salir. Hay una sensación mucho más marcada de aventura y descubrimiento, casi de viaje contemplativo por momentos, que ayuda muchísimo a mantener el interés incluso cuando todavía no entendemos qué debemos hacer exactamente.

 

Aun así, Riven sigue compartiendo buena parte de la filosofía de diseño clásica de Cyan. Muchos mecanismos afectan a zonas lejanas o invisibles para nosotros, la información importante suele estar dispersa y el feedback continúa siendo bastante limitado. Hay momentos donde simplemente debemos observar, tomar notas mentales (o capturas de pantalla) y conectar ideas poco a poco. No es un juego que quiera guiarnos, sino uno que espera que entendamos su lógica interna.

 

Riven PSVR2

La lupa es uno de los items de la secuela y muestra pistas invisibles de otro modo.

 

Precisamente por eso vuelve a notarse muchísimo el paso del tiempo frente a referentes modernos como ya mencionamos en el análisis que dedicamos a Myst. Todos ellos utilizan iluminación, composición o lenguaje visual para dirigir mejor al jugador. Riven mantiene un diseño mucho más libre y menos intervencionista, algo fascinante para algunos jugadores y desesperante para otros. Requiere paciencia, algo contrario a lo que se suele ofrecer hoy en día.

 

También repite uno de los grandes problemas de Myst: la interacción con el entorno. Seguimos encontrando escenarios llenos de elementos aparentemente manipulables que en realidad son simples decorados. La VR invita constantemente a tocar y experimentar, pero el juego rara vez responde de forma coherente a esa curiosidad. Las manos virtuales ayudan parcialmente, aunque sigue existiendo cierta desconexión entre lo que vemos y lo que realmente podemos usar. La inmersión visual va un paso por delante de la interacción real.

 

Riven PSVR2

La traducción está integrada a la perfección, no como ocurría en Myst.

Precioso pero borroso

A nivel artístico, Riven es sin duda más impresionante que Myst. Sus islas transmiten personalidad constantemente gracias a una mezcla fantástica de arquitectura industrial, naturaleza decadente y maquinaria desconocida. El remake consigue modernizar el apartado visual sin perder la identidad del original haciendo que realmente sintamos que estamos explorando un lugar antiguo y olvidado. La variedad visual es mucho mayor y hay más margen de movimiento.

 

Por desgracia, en PSVR2 vuelve a tropezar exactamente en los mismos puntos. La imagen resulta demasiado borrosa y poco definida para un juego que vive precisamente de observar el entorno y fijarse en pequeños detalles. La falta de nitidez afecta mucho más aquí porque Riven apuesta todavía más fuerte por la contemplación visual. Hay escenarios preciosos que simplemente no lucen como deberían dentro del visor, algo que contrasta con el realismo y definición de su versión plana, a la que también tenemos acceso al tratarse de un juego híbrido.

 

Riven PSVR2

Si se mejorara la definición, el mundo de Riven sería impresionante.

 

El aprovechamiento háptico también vuelve a quedarse muy corto. Apenas existe vibración convincente al manipular mecanismos y el visor sigue desaprovechado casi por completo. En una aventura donde constantemente accionamos palancas, ruedas o dispositivos mecánicos, la falta de respuesta táctil resta bastante presencia a la experiencia lo que sumado a esa incertidumbre de qué objetos son interactivos, afea demasiado la tangibilidad de su propuesta.

 

Las interacciones tampoco terminan de estar del todo refinadas. Algunas acciones resultan menos precisas de lo esperado y ciertos sistemas continúan sintiéndose algo arcaicos en la realidad virtual moderna. Por suerte existen varias opciones de comodidad y accesibilidad para suavizar la experiencia, incluyendo movimiento libre, teletransporte o posibilidad de omitir determinadas animaciones y transiciones que aligeran su exploración con sus idas y venidas constantes.

 

Riven PSVR2

Las islas interconectadas ofrecen una sensación de mundo que lo hacen más accesible.

Conclusión

Riven sigue siendo una aventura fascinante y uno de los mundos más absorbentes que ha construido jamás el género. La realidad virtual potencia enormemente esa sensación de exploración y descubrimiento, haciendo que recorrer sus islas resulte incluso más especial que en el original.

Por contra comparte todos los problemas vistos en el remake de Myst y que le alejan de ser el referente que fue en su día, aunque también ofrece una estructura más accesible para nuevos jugadores. El juego de Cyan exige paciencia y observación, pero entiende mucho mejor cómo atraparnos primero con su mundo para no querer salir de él... aunque el paso del tiempo no perdone.

 

Análisis realizado en PlayStation 5 con PSVR2 sobre la versión del juego 1.0.2

+ La mejor forma de jugarlo

+ Un mundo más amplio, libre y espectacular

+ Puzles muy exigentes

+ Juego híbrido, un aliciente más

- Imagen demasiado borrosa

- Estructura algo frustrante

- Interacciones poco precisas y anticuadas

- Escaso aprovechamiento háptico

7 "Muy bueno"