Vox Machinae (Modo Historia): ANÁLISIS

18 MAR 2022  15:07

ray_manta

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Vox Machinae (Modo Historia): ANÁLISIS

Cuatro años después de su lanzamiento como título multijugador llega el modo historia, una aventura donde los pequeños seres humanos tienen tanta importancia o más que las gigantescas máquinas robot que pilotamos con nuestros visores de PC o Quest 2.

Mineros, guerreros y detectives

Pasa con cierta frecuencia que se tienen grandes ideas que se materializan lanzando al mercado buenos productos, pero demasiado pronto. Ocurrió así con Vox Machinae, un buen título multijugador para visores de PC en el que teníamos que pilotar robots gigantes en partidas hasta para dieciséis jugadores. Era 2018, el número de personas interesadas en un juego así era pequeño, y a las pocas semanas de su estreno apenas se podía encontrar gente en los servidores del estudio Space Bullet. Sin embargo, al contrario que Ubisoft con Space Junkies, no tiraron la toalla y se pusieron a trabajar en algo que podía resucitar el proyecto: un modo historia.

 

 

Cuatro años después ya tenemos esa campaña para un jugador en PC VR gratis para los que ya tenían Vox Machinae, y el juego completo con las modalidades individual y multi para Meta Quest 2. Es hora de volver a meterse en la cabina de uno de estos mechas diseñados para extraer minerales para usarlos como máquinas de guerra en misiones de exploración, defensa y ataque.

 

Solo por el hecho de no haberse rendido y lanzar una gran campaña sin coste adicional ya sería para ponerle una nota de 10, que es el número de horas que, aproximadamente, nos puede durar el modo historia. Por desgracia, el juego en sí no es sobresaliente en su modo historia y comete algunos errores que le hacen perder puntos, como vamos a ver a continuación.

 

El principal defecto de la campaña para un jugador es el desequilibrio entre lo divertido que es la parte de acción, cuando pilotamos el robot, y lo desesperante que puede llegar a ser todo lo que ocurre en el interior de la base de operaciones, algo que ya pudisteis ver en ROV Explorers. La parte narrativa se hace espesa, y no porque la historia no sea interesante, sino porque la forma en que vamos descubriendo la causa de la locura momentánea o rebeldía de algunos pilotos es monótona y repetitiva: hablar y hablar con todos los compañeros de esta aventura. Voces en inglés y subtítulos en inglés, pero el idioma no es el problema, aunque las conversaciones se nos harían menos pesadas en español.

 

Los personajes del modo historia

La buena idea de que haya una tripulación, un equipo que acoge al novato de turno y le va enseñando cómo funciona todo no es original, pero debería servir para que el jugador establezca lazos emocionales con ellos. Si nos vamos a jugar la vida junto a ellos, mejor que nos importen, aunque por su apariencia y movimientos se asemejen más a marionetas de la serie Thunderbirds que a seres humanos.

 

Lamentablemente casi acabaremos odiándolos... y no es culpa suya, sino de que antes de cada misión haya que dedicar 10, 15 ó 20 minutos a pasearse por la nave y hablar con todos ellos y hacer misiones de recadero aburridas con mecánicas VR mal diseñadas o confusas.

 

Localizar un pequeño objeto perdido en la base no es divertido, acabas dando vueltas preguntándote dónde narices está eso que te han pedido. Recogerlo y entregarlo se hace de una manera muy obtusa, aparece y desaparece de nuestras manos, o se pega a ellas, y acaba en la de su destinatario como por arte de magia.

 

 

No hay colisiones, y eso no es grave, pero el simple hecho de tener que abrir una puerta para salir al hangar, o entrar a nuestra habitación pulsando un botón sin que te indiquen que esa es la manera de hacerlo, provoca que más de una vez nos hayamos sentido tontos intentando agarrar la palanca de apertura. Son pequeños detalles que afean el conjunto de una experiencia, todo lo que sucede cuando no estamos pilotando un robot, tediosa, poco emocionante.

 

Los diálogos con nuestros compañeros o superiores tienen su miga, los hay al servicio de la historia principal y otros son micro-relatos que nos sirven para conocerlos mejor, con sus dosis de drama, comedia o reflexiones sobre la vida o la inteligencia artificial. Lo malo es que una cosa es saber escuchar y otra que te den la chapa una y otra vez, y que haya que quedarse allí porque si no lo haces no avanza la partida o te quedas sin saber qué tienes que hacer.

 

En alguna ocasión podremos participar en la conversación, teniendo que dar nuestra opinión escogiendo entre dos opciones, pero es una experiencia demasiado pasiva cuando uno creía que había venido a este juego a pilotar mechas y liarse a golpes contra otros robots gigantes en planetas extraños. En eso Vox Machinae era bueno como multijugador, y lo sigue siendo en la campaña individual. Vamos a lo divertido.

 

Pilotando un robot gigante

Hasta los diálogos con los compañeros son entretenidos cuando por fin nos hemos montado en nuestro mecha minero. Ojo, las misiones de acción son también tranquilas, van subiendo de intensidad a medida que vamos descubriendo lo que está pasando, pero casi nunca en el modo historia la cosa va a ir de combatir y disparar como locos a todo lo que se mueva. Esto no es Archangel o un shooter ni un juego de oleadas.

 

Manejar nuestra máquina es fácil y está bien explicado en el tutorial que sirve como introducción a la aventura. Yo lo he jugado con los Touch de Quest 2 y con los mandos WMR de HP Reverb G2, pero la cantidad de controladores que podemos usar es casi infinita, desde mandos desde Xbox a Hotas de todo tipo. Probad con lo que tengáis en casa y quedaos con el que os resulte más cómodo.

 

En la cabina tenemos a la izquierda una palanca de marchas, cuatro velocidades hacia delante, dos hacia atrás y punto muerto. Se pone en la posición que nos interese en cada momento y nos olvidamos de ella. Junto a ella, un stick que hay que activar tirando de él hacia arriba y que nos permite dar pequeños vuelos o grandes saltos. En este lado del habitáculo también podremos colocar delante de nosotros una pantalla donde veremos nuestra ubicación en el mapa y la de los objetivos de la misión.

 

 

Al lado derecho encontraremos una barra que deslizaremos para cambiar la dirección de marcha del robot, una bocina (que tiene su utilidad) y un panel que también podremos mover en el que veremos qué tenemos que hacer en cada momento: seguir a un compañero, proteger una refinería, destruir una barrera, ir a la base, etc. En cada planeta deberemos realizar una tarea o varias, en un orden determinado, así que, por una parte, estamos en pequeños mundos abiertos, pero por otra no podemos ir a nuestra bola. Esto ya va en gustos, y en mi caso me parece que en este juego esta solución intermedia es perfecta, ni tenemos la sensación de ir por un raíl ni la de estar perdidos sin saber qué hacer a continuación.

 

Hacerse con los mandos de nuestra máquina es fácil, nada engorroso. La sensación de estar dentro de un robot gigante y pesado, caminando por la superficie variable de los terrenos es intensa, y es difícil marearse, algo que yo he sufrido en juegos planos como Mechwarrior 5, pero no en Vox Machinae. Patrullar o explorar pilotando un mecha en VR es un sueño de la infancia cumplido, y cuando tenemos que combatir contra otros, el juego desata todo su potencial.

 

Los combates y misiones

En lo que era bueno Vox Machinae cuando solo tenía modo multijugador lo sigue siendo ahora, y cuando nos toque usar nuestras armas contra los diferentes enemigos que irán apareciendo, poco a poco, a lo largo del modo historia, será cuando disfrutemos de verdad del juego.

 

Para apuntar y disparar tendremos que combinar nuestra mirada con el uso de los mandos, un sistema simple y eficaz si tenemos en cuenta que los rivales no se suelen estar quietos, por lo que hay que calcular hacia dónde van a ir para acertarles de pleno. En algunos casos quizá nos interese inutilizar los brazos de un robot enemigo, en otros tal vez lo mejor sea dejarlos cojos. Y cuidado, nosotros también podemos perder esas partes de nuestra máquina.

 

El ritmo de los combates no suele ser frenético. Por un lado, porque la velocidad a la que se mueven estos mechas no es muy elevada, pero también por el recalentamiento de nuestros sistemas de ataque. Si nos ponemos a disparar a lo loco sin pausa, porque la munición es infinita, nos encontraremos con que la cabina se cierra y dejaremos de ver durante unos segundos que se hacen eternos cuando sabes que hay un rival disparándote a ti, a un compañero o contra las instalaciones que debes proteger.

 

 

Hay que pelear con cierta estrategia, saber cuándo atacar de frente, cuando retroceder, fijarse qué es lo que pasa en el campo de batalla, buscar una posición ventajosa y refrigerar manualmente el sistema entre ráfagas de disparos. Antes de cada misión podremos dotar a nuestra máquina de un tipo de armamento u otro (misiles, rayos perforadores, lanzallamas, proyectiles balísticos). No será raro fracasar por una mala elección de nuestro equipamiento o por atacar sin pensar y a lo loco.

 

Hay cierta variedad en la misiones, algunas de exploración y descubrimiento de qué es lo que está pasando en torno a la explotación de las materias primas minerales en los planetas de un sistema solar semi-desconocido. Otras consistirán en defender posiciones, perseguir o atacar oponentes, despejar rutas o escoltar convoyes de transporte. Sin contar todos los diálogos y el tiempo que debemos permanecer en la base, la parte del juego en la que pilotamos robots nos durará unas 7 horas de juego, que son bastante satisfactorias, pero que dejan con ganas de más acción, algo que obtendremos en el modo multijugador, donde todo está enfocado a la acción.

 

Gráficos y sonido, diferencias Quest 2 / PC VR

El juego que se desarrolló originalmente para visores de PC presenta su mejor cara en esta plataforma, mientras que en el port realizado ahora para Meta Quest 2 la parte visual queda más deslucida, con menos texturas, partículas, iluminación, etc.

 

En ningún caso es un título que nos vaya a llamar la atención visualmente, cumple sin más, pero la monotonía de los biomas de los planetas y la poca variedad de escenarios hacen que el apartado gráfico sea poco destacable. Mejor no pensar en comparar este sistema solar de la versión de PC con el universo de No Man's Sky. El interior de las cabinas no es tampoco un portento, aunque se han cuidado detalles como que si miramos detrás de nuestro asiento de pilotos veremos un habitáculo con su cama y todo.

 

En cambio, la música, los efectos sonoros y las voces de los personajes sí que tienen una calidad notable, aunque la bocina que podemos hacer sonar quizá debería de ser más poderosa que la de un camión, la noto un tanto afónica.

Conclusión

Quizá Vox Machinae no es el videojuego con robots en realidad virtual que siempre habíamos soñado, pero se queda muy cerca de serlo si tenemos en cuenta que el estudio que lo ha desarrollado ha tenido más ganas que presupuesto. Es una lástima que el modo para un jugador, cuya historia es interesante, se nos pueda atragantar porque los momentos entre misiones que suceden dentro de la base de operaciones son algo tediosos. Pese a esto, estamos ante una buena propuesta jugable y ante un título destacable, más dentro del catálogo de Quest 2 que de PC VR.

 

El juego ha sido analizado con HP Reverb G2. También se ha probado con Quest 2.

 

Podemos ver el juego en acción en el siguiente capítulo de ROV Explorers:

 

VRGameCritic

+ Devuelve a la vida un buen juego olvidado

+ Misiones variadas

+ Combates intensos pero no frenéticos

+ Buena adaptación a Quest 2

+ Robots fáciles de pilotar

- La parte de aventura conversacional se hace pesada

- Escenarios muy parecidos entre sí

- Desequilibrio entre la narrativa y la acción

- Tosquedad en algunas mecánicas VR

- Voces y subtítulos solo en inglés

7 "Muy bueno"

Vox Machinae (PC)

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