Eye of the Temple: ANÁLISIS

10 DIC 2021  15:00

ray_manta

3

Eye of the Temple: ANÁLISIS

Siéntete de verdad como Indiana Jones o Lara Croft resolviendo el misterio de un templo lleno de trampas, y hazlo convirtiendo tu pequeña habitación en un espacio infinito por el que tendrás que caminar físicamente con tus pies. Disponible para PC VR.

La maldición del Ojo del Templo

Convertir en algo divertido lo de recorrer un templo lleno de trampas y misterios no sé si lo inventó la literatura o el cine, pero sin duda donde más ha triunfado hasta convertirse en una mecánica imprescindible es en el mundo de los videojuegos. Desde Abu Simbel y Profanation hasta cualquier título de la saga Tomb Raider, adentrarse con pies de plomo en un santuario nos atrae, y si está en ruinas, aún más.

 

Más específico de la realidad virtual es hacer que el jugador se desplace físicamente por un escenario, propuestas que usan la escala habitación y dejan de lado cualquier otro sistema de locomoción. Sin embargo, sabedores de que pocos vivimos en esas casas con enormes cocinas y salones que salen en la publicidad, hay varios desarrolladores que han diseñado trucos que nos engañan, que convierten un par de metros cuadrados en una superficie infinita. Los mejores ejemplos son Spellbound Spire o Tea For God.

 

 

Rune Skovbo Johansen ha combinado estas dos cosas para crear, en solitario y durante 5 años, Eye of the Temple. Estamos ante una aventura en la que el jugador tiene que andar físicamente para moverse por un templo lleno de peligros, manteniendo el equilibrio al pasar de un bloque de piedra a otro, esquivando trampas y resolviendo puzles con una antorcha y un látigo como únicas herramientas. Hace uso de la realidad virtual a escala habitación y de la geometría falsamente euclidiana, para lo que exige tener espacio mínimo libre de 2x2 metros. Si conseguís ampliar esa zona de juego, mejor, si no tendremos que estar constantemente preocupándonos de no movernos del centro de esa área.

 

En realidad virtual tenemos ya unos cuantos títulos que nos proponen adentrarnos en mazmorras, palacios o santuarios llenos de peligros, pero ninguno tan puro como este, que nos sitúa en un impresionante templo precolombino en mitad de la selva. Un edificio imponente en perfecto estado de conservación, donde todo funciona como el mecanismo de un reloj recién salido de un taller de Suiza. Eso significa que podemos utilizar los bloques de piedra que se deslizan de un sitio a otro para, subiéndonos sobre ellos, ir recorriendo todas sus laberínticas salas. Los hay con forma de rodillo, que nos obligan a mantener el equilibrio, y otros que suben y bajan provocando sensaciones de asombro y vértigo.

 

También encontraremos mecanismos que necesitan ser activados a golpe de látigo, palancas, rompecabezas, piedras preciosas que recoger y transformar en otras, altares con lámparas que encender con nuestra antorcha, candelas donde recoger ese fuego tan necesario y, por supuesto, muchas trampas.

 

 

Los peligros más evidentes de este templo son el caerse de los bloques de piedra que nos llevan de un sitio a otro, pero además nos encontraremos con techos que se desploman lentamente, paredes que se mueven, suelos llenos de estacas puntiagudas e incluso escarabajos de piedra voladores a los que tendremos que golpear varias veces hasta que nos dejen en paz. Cualquier distracción, un paso en falso, supone la muerte y volver a empezar desde el último punto de control.

 

No podemos salvar nuestro progreso en el momento que nosotros queramos, y eso significa que tras haber superado con éxito varias trampas, si morimos en la siguiente tendremos que volver a empezar. Si sois proclives a la desesperación que esto suele provocar, decir que existen numerosos lugares donde la partida se almacena automáticamente, así que nos sentiremos a veces frustrados, pero no mucho.

 

Gráficos y Sonido

Visualmente es un juego que entra bien por los ojos. Su diseño artístico es sencillo y, sin embargo, atractivo, con gráficos por encima de la media en este tipo de proyectos de estudios independientes o unipersonales.

 

El templo, cuando estamos en el exterior se ve magnífico, y su arquitectura invita a la exploración. Al adentrarnos en su interior encontraremos salas donde reina la oscuridad, pero que si llevamos la antorcha encendida también se mostrarán majestuosas o amenazadoras.

 

La ambientación sonora, por el contrario, no es tan admirable. Sí en lo que respecta a ruidos ambientales o a los sonidos que oímos al activar un mecanismo, no obstante echo de menos alguna melodía aventurera o con notas de misterio. La música brilla por su ausencia y es un ingrediente que animaría el conjunto.

 

Jugabilidad

Al tener que caminar nosotros físicamente, no nos tenemos que preocupar por malestar o mareos, aunque cuidado si sufrís de vértigo, ya que hay varios lugares en los que la sensación de estar al borde de un abismo es peligrosamente realista.

 

Nos olvidamos de sistemas de locomoción artificiales, pero a cambio necesitamos tener espacio en nuestra zona de juego. Aunque en teoría es suficiente con tener 2x2 metros, la realidad es que esa área mínima no es la ideal, porque vamos a acabar dando más pasos de los estrictamente necesarios y terminaremos demasiado cerca de una pared o estantería de nuestra habitación, algo no demasiado grave hasta que tengamos que utilizar el látigo.

 

Salvo en momentos puntuales, la aventura se desarrolla con tranquilidad, podremos ir avanzando poco a poco sin prisa, por lo que no es mala idea comprobar de vez en cuando si nos hemos desplazado mucho del centro de nuestra zona de juego, y re-centrar nuestra posición si es necesario.

 

 

Jugar a Eye of the Temple es divertido, se siente fresco y proporciona una experiencia que solo es posible en realidad virtual, aunque también hay que señalar que se puede tornar un poco repetitivo, ya que el mapa que tenemos que recorrer es grande, pero acaba haciéndose monótono el que todos los desafíos sean casi siempre los mismos: no caerse, activar palancas y encender pebeteros.

 

Quizá le falte una mayor variedad de rompecabezas o trampas, un diseño de niveles con una dificultad más progresiva y más sorpresas. Es un juego que, al acabarlo, te deja satisfecho, sí, pero también con cierta sensación de que no se han explotado sus posibilidades, y acabas pensando en que ojalá haya una segunda parte de esas que son "más y mejor".

Conclusión

Eye of the Temple es un soplo de aire fresco en la realidad virtual de PC, una propuesta a la que todo aficionado a esta tecnología, con algo de espacio en su habitación, debería prestar atención. Merece la pena ser jugado, pese a los inconvenientes encontrados, y ojalá no haya que esperar cinco años para una continuación. Si su autor consigue llevarlo a Quest 2 y esto anima sus ventas, será una buena noticia para todos.

 

El juego ha sido analizado con HP Reverb G2 y Quest 2 + Virtual Desktop.

VRGameCritic

+ Una propuesta casi única

+ Estilo visual sencillo y claro

+ El templo es o parece grandioso

- Requiere tener cuidado o más de 2x2m

- Se echa en falta algo de música aventurera

- Le vendría bien más variedad de acciones

7,5 "Muy bueno"

Eye of the Temple (PC)

7.5

Lanzamiento / Octubre 14, 2021

Eye of the Temple is a VR game that lets you explore a vast and treacherous temple using your own feet. Keep your balance as you step from one moving block to another, and dodge traps and solve ...

Nota de los usuarios

?